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23 septiembre 2005

El "corazonamente" de García Márquez

En diciembre de 1997, asistí al taller de narración periodística dictado por Gabriel García Márquez, en Barranquilla (Colombia). Muchos de mis amigos creen que de allí traje mi fobia a los adverbios terminados en "mente". El colombiano hace muchos años que los esquiva. Sin embargo, no fue García Márquez sino un catalán, Daniel Cassany, quien con su libro "La cocina de la escritura" me inculcó el desprecio por los "mente".

En una de las reuniones del taller con García Márquez aproveché la ocasión para enrostrarle al premio Nobel haber escrito dos adverbios terminados en "mente" en "Noticia de un secuestro", por entonces su último libro. "Hay dos, pero están puestos en boca de dos personajes, ellos lo dijeron". Por supuesto, eso derivó en un debate sobre los adverbios donde quedé como el único cruzado contra los "mente".

El último día del taller, Gabo firma todos los libros que los talleristas desean -para las tías, novias y primos-, y estampa una dedicatoria especial para cada periodista llegado hasta allí. En la edición colombiana de Notas de prensa que le acerqué, García Márquez no había olvidado el debate de las jornadas anteriores y bromeó: "Para Darío Gallo, corazonamente".

Comentarios

Arghhh, ¡muero de envidia!

:-)

Anotado por: María José | 24 septiembre 2005

Tomalo amenamente. Felizmente el gran Gabo no es ningun demente.

Yo dichosamente aceptaría un libro correctamente autografiado por el maestro, y mejor aun si en plan de complice, graciosamente dejara este tipo de mensaje.

Tienes un blog interesante, saludo tu iniciativa efusivamente.

Coordialmente,

Maskus

Anotado por: Maskus | 25 septiembre 2005

Esos fantásticos días con García Márquez en Barranquilla, primero, y luego en la casa de su madre en Cartagena, donde caí de casualidad, dieron lugar para un artículo de tapa de la revista Noticias titulado "un tal Gabo" que no tiene ningún "mente", salvo uno que "puse en la boca" del maestro:

Al fondo del Callejón de los Nísperos, en un barrio apacible de Cartagena de Indias vive Luisa Santiaga Márquez Iguaran, hija de un coronel y madre de un premio Nobel, aunque esto la tiene sin cuidado. La niña Luisa, así le dicen desde que era niña, esta sentada como ausente en la mecedora del patio delantero, recién la bañaron, huele a colonia. Tiene las manos entrelazadas y los pulgares girando sobre si mismos en innegable espera. Desde hace un tiempo, la memoria le naufraga y suele desconocer a algunos de sus once hijos. Es el ultimo sábado del año y un suspiro de brisa aligera el crepúsculo cuando sus hijas Ligia, la charlatana; Rita, la suave; y Aida, que fue monja, gritan a trío: "!Niña Luisa, viene Gabito!". Pero Luisa ni parpadea. Desde el portal, vestido para el partido de tenis de las siete, Gabriel García Márquez saluda sonriente, pantalón corto y zapatillas blancas. Se acerca a la madre: "¿Y usted como anda?", pero nada. Por la casa del Callejón de los Nísperos transitan nietos, bisnietos, primos y vecinos, pero ni la gritería ni el movimiento alteran a Luisa. Entonces, Aida, la que fue monja, la desafía: "Niña Luisa, ¿Gabito es su hijo?". Si, contesta a secas la madre. "¿Su primer hijo?" Si, responde firme. "Y dígame niña Luisa, ¿usted lo quiere a Gabito?" Sin dejar de girar los pulgares, niña Luisa sorprende: "No". Entonces, Gabo, Gabito, el Nobel, el colombiano mas famoso del mundo, levanta los brazos en señal de rendición: "¡Tanto que ha hecho uno, tanto esfuerzo, para que la madre no le pare bolas...!". Todos sueltan la carcajada.
(La nota completa está en http://fnpi.org/biblioteca/archivos-prensa/gallo.asp )

Anotado por: Darío | 25 septiembre 2005