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08 septiembre 2005

Gabo, Terragno y los mente

(De una entrevista en la revista Noticias al escritor y periodista Rodolfo Terragno)

Noticias: Después llegó el golpe, en 1976, que a usted lo encuentra en Venezuela. Y allí comienza una nueva vida. Intelectualmente hablando, periodísticamente también, y ya en Londres conoce a Gabriel García Márquez.

Terragno: Yo estaba en Londres en el '82. Un día sonó el teléfono en mi casa y atendió mi hija, que en ese momento tenía doce años, y me dijo: “Papá llama un señor de un nombre raro que yo no oí”. Tomo el teléfono y la voz me dijo: “Hola, soy Gabriel García Márquez”. Estaba llamando de Estocolmo, una gran amiga común le había dado el número. Él quería poner todo el Premio (Nobel) para hacer un diario del cual solamente tenía el nombre. Iba a llamarse “El otro”, y me dijo: “quiero que tú lo hagas”. Bueno, nos reunimos en París, después en Barcelona, durante dos años armamos ese diario en la imaginación. Un día, en Barcelona, él me dijo: “quiero que vayas a Colombia y me cuentes cómo es ese país”. Cuando yo llegué a Bogotá me estaba esperando él. Armamos una escuela de periodismo en Cali y ahí fue donde iniciamos todas esas discusiones semánticas y gramaticales, que después se hicieron conocidas. Nosotros sosteníamos que había que desterrar los adverbios terminados en “mente”, planteamos que las oraciones debían ser clásicas (sujeto, verbo, predicado) y que debían ser cortas, que debía preferirse siempre una palabra corta a una palabra larga, porque se lee por golpe visual, no se deletrea. Estábamos en contra de las cláusulas subordinadas. Los adverbios terminados en “mente” no sólo eran palabras largas, sino que además eran comodines que a menudo no decían nada, y a menudo servían para fabricarse una coartada.

Noticias: Eludir responsabilidades, digamos...
Terragno: Claro, eludir responsabilidades. Si uno dice que algo es así de real, el adverbio no agrega nada, es así.

Noticias: “Supuestamente”.
Terragno: Claro. Si es supuestamente o principalmente, uno gana siempre, es como decir que hay setenta por ciento de probabilidad de lluvias, si no llueve se dio el treinta por ciento. Los periodistas nos decían que era imposible escribir sin adverbios terminados en “mente”. Entonces hicimos un ejercicio. Gabo estaba escribiendo, o iba a escribir, una novela, y yo, un ensayo. La novela fue “El amor en los tiempos de cólera” y el ensayo, “La Argentina Siglo XXI”. En ninguno de los dos hay adverbios terminado en “mente”.